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MI EXPERIENCIA CON EL KAMBO, “LA VACUNA DE LA SELVA”

Te doy la bienvenida como cada semana a este espacio… que normalmente está dedicado al mágico mundo de las hierbas y sus beneficios para nuestro bienestar.


Sin embargo, hoy voy a cambiar de reino… Y en lugar de hablar de la magia divina en las plantas, voy compartir mi incursión en la medicina del mundo animal y mi experiencia con el Kambó, llamada en algunos lugares de Sudamérica, como “la vacuna de la selva amazónica”.


Pero para ser precisa, ésta experiencia inicia mucho tiempo antes de haberme aplicado Kambó, y deseo compartirla con ustedes a través de mi relato, por eso va en primera persona…


…La primera vez que escuché hablar del Kambo, fue en un mensaje de whatsapp que llegaba de lejos junto con las noticias de por qué sitio de Sudamérica andaba Cielo, ya que lo único que yo sabía es que estaba viajando bastante. Cielo es mi estudiante… en realidad es mi gran maestra, pero llegó a mi vida siendo estudiante. Yo trabajo como docente en la Universidad, y doy clases de materias como Fisicoquímica o Termodinámica, a través de las cuales el universo conspiró para conocer a Cielo.


Cielo es una joven y sabia mujer, de cuerpo pequeño y de ojos claros, de mirada profundamente amorosa, pero con un gran empuje y decisión. Y fue así que me invitó a dirigir, allá por el 2014, un proyecto sobre medioambiente con el que ella soñaba, pero para el que necesitaba que un profesor la acompañara para así poder formalizarlo en la universidad. Y yo, que en esa época de huerta y plantas no entendía nada y podía confundir poleo con un cedrón, descubrí a través de sus ojos y su mirada un nuevo mundo, una nueva realidad.


De la mano de Cielo y el proyecto, a través de ferias ambientales que organizamos, llamadas Econciencia, conocí el mundo de la permacultura, de la ecología, la agroecología, también el Reiki, la biodecodificación y la memoria celular, entre tantos otros. Y por supuesto, también, las hierbas medicinales y el Ayurveda, que hoy son parte de mi vida. Esa etapa representa en mi vida el punto de inflexión, en donde comenzó a activarse la semilla del despertar de la consciencia, del proceso de transformación personal en el que hoy me encuentro. Por eso es que hoy comprendo y sé, que Cielo es esa alma vieja, sabia, que se convirtió en mi maestra siendo una estudiante de mi clase.

Y como no podía ser de otra forma, a Cielo un día la jaula de la universidad le fue incómoda y entonces voló. Los vientos la llevaron a recorrer gran parte de Sudamérica, prácticamente viajando sola o con compañeros que le brindaba el camino. Hasta llegar a Colombia, donde la medicina del Kambo la encontró a ella. Y desde ahí fue que recibí aquel mensaje, contando del Kambo.


Desde aquella época hasta hoy han pasado más de 6 años, casi 7. Mi vida literalmente es otra, porque fundamentalmente yo soy otra…. En realidad soy la misma…. La misma esencia divina, pero sí, una mejor versión de mí en ésta encarnación. Así que yo creo en Cielo, creo en ella y su experiencia. Creo en ella y su sabiduría… y porque creo en ella… creo en la Medicina que brinda.

Hace unos meses, Cielo regresó de Colombia a Argentina, y trajo consigo la medicina que le fue ofrendada, el Kambo. Combinamos para juntarnos a cenar. Hacía varios años que no nos veíamos y ambas teníamos ganas de juntarnos a conversar, había mucho para contarnos. Mucho.


Durante aquella cena escuché de su boca, ahora si prestando atención a cada detalle, los relatos de su propia experiencia con la medicina de la selva, el Kambo, la vacuna de la selva, como la llama; y de todo su recorrido, aprendizaje y experiencia de la mano de su maestro, el Tayta Don Manuel. Y entonces en ese momento supe que yo quería recibir esa medicina ancestral de sanación del alma y el cuerpo, y vivir la experiencia de una limpieza con Kambo.

Cielo y su maestro Don Manuel, aplicando Kambo a un niño


Por un lado yo tenía lo que había leído sobre qué era y de qué se trataba el Kambo, una resina que es un veneno y que se obtiene de una rana, la rana Mono, de un brillante color verde. Y por otro lado, tenía ahora de primera fila, los relatos maravillosos vividos por Cielo con sanaciones de todo tipo en Colombia. El Kambo se utiliza por los diferentes pueblos nativos amazónicos desde hace más de 500 años. Según me cuenta, dicen los nativos que cuando su pueblo comenzó a contraer las enfermedades de los blancos, recibió a través de los dioses la información de cómo curarse de todas las enfermedades usando específicamente una rana, la rana Mono (o su nombre científico Phyllomedusa bicolor); y de cómo emplearla exactamente. Ya que si su veneno es ingerido vía oral puede ocasionar hasta la muerte. Me quedé asombrada por su poderosa actividad antiviral, antibacteriana y antifúngica, y su poderoso efecto de activación sobre el sistema inmunológico. Básicamente, la medicina ayuda a eliminar de tu cuerpo físico, mental y espiritual todo lo que no tiene que estar ahí! Y decidí finalmente probar en mi cuerpo la medicina ancestral de la selva amazónica.


Para ser parte de la Ceremonia se requiere una preparación previa: debe reducirse en los días previos el consumo de carnes, alcohol, harinas y refinados; y asistir en ayunas y sólo habiendo bebido previamente mínimo 2 litros de agua. La Ceremonia comienza con un sahumo y cánticos acompañados del sonar de una sonaja. En tanto Cielo nos brinda toda la información sobre los efectos en lo real que produce, como vómitos y malestar, (la maluquera, dice ella). Aunque en cada persona es diferente y depende mucho de la dosis que recibas y la persona en sí. En ese momento yo ya me sentía en un estado de relajación profundo.


A continuación, me realiza una serie de quemaduras superficiales en forma de puntos, con una raíz del árbol donde crece la rana, encendido tipo incienso. Suponía que sentiría dolor, sin embargo es apenas una sensación de pinchazo y ni siquiera se produce sangrado al retirar la capa de piel.


Sobre esas leves heridas abiertas, una vez limpias, me aplica después la sustancia extraída de la rana y que tiene sobre una madera, y que al combinarla con agua es ya una pasta blanquecina. Unos minutos después sentí como un fuego que me recorrió el cuerpo, de los dedos de los pies hasta la cabeza. Sentí hormigueo intenso en las manos y cierto calor en el rostro. Ese tiempo, es el que tarda el veneno en completar un par de vueltas en tu sistema sanguíneo. Luego un poco de mareo, y de repente sentí un estado de angustia muy muy profundo y llanto. Y lloré con tristeza, con angustia, con desazón… No sé por qué? Ni siquiera puedo entender porque y de dónde surgió ese llanto! Pero fue LIBERADOR! Y luego el vómito, en el que no se observa algo más que el agua que había consumido; que también es liberador. Y para finalizar, me aplica un cicatrizante de la selva, creo que sangre de dragón le llamó.


La “maluquera”, es decir el tiempo que dura el trance del veneno, dura aproximadamente 15 minutos. Pero lo que experimenté después fue un profundo, pero muy profundo amor hacia todo lo que existe, y mucha pero mucha paz, armonía; y un agradecimiento infinito para con Cielo, la selva y sus pueblos, la rana y Don Manuel… y con el Universo todo por estar viviendo ésta experiencia humana divina. Un estado de ComUNión con el todo! El cielo (y acá hablo del firmamento y no de Cielo), ese día estaba límpido y turquesa; un sol radiante pero no abrasador, un día perfecto! O por lo menos así lo sentí yo!


Regresé a casa en un estado de paz diferente, absoluto. Y con muchos deseos de dormir, pero no ese sueño de cansancio y agotamiento. Un sueño de acurrucarme, de volver al útero…. Y después de alimentarme muy sano… me dormí, dormí por más de tres horas seguidas. Según Cielo, una señal de la regeneración celular y la inteligencia física que se activa. Los días posteriores continúan siendo de limpieza de intestinos pero sin cuadros de diarrea. Transito unos días experimentando un gran estado de equilibrio emocional, sin que los sucesos afuera me afecten o me desborden en lo más mínimo. Pudiendo mantener mucho más tiempo mi estado de presencia y autoobservación, y sin deseos de comer harinas y dulces como venía teniendo hasta antes de la aplicación.”


Y éste cuento breve, es el relato de mi experiencia con el Kambo. Una medicina ancestral cuyo uso con objetivos terapéuticos se está extendiendo a nivel internacional y sobre todo en Sudamérica. Yo vivo en Argentina y aquí también comienza a ser conocida y reconocida. Si bien hay quienes insisten en que los beneficios que se le atribuye no están probados científicamente aún, existen trabajos científicos publicados en revistas de prestigio (y de ellos escribiré en mi próximo artículo la semana que viene). Pero yo entendí desde mi experiencia el verdadero poder del Kambo!! aparte de ser una vacuna con todos sus poderes medicinales, el Kambo sana el alma, tiene un poder increíble de desbloquear emociones. Y esa evidencia es irrefutable hasta para mi rígida y escéptica formación académica de base.


Algo muy valioso, y que me pareció muy simbólico, es lo que me contó Cielo de como obtienen la resina de la rana en la selva peruana, luego de un largo viaje de cuatro días selva adentro. Los nativos recorren la selva imitando el canto de la rana, invitando un diálogo. Y sólo si la rana responde con su canto ese diálogo, significa que se ofrenda como medicina. Y si eso no sucede o la rana sólo responde una vez, no pueden tomarla. Luego la inmovilizan atándole sus cuatro extremidades, pero sin que la rana se resista, y le retiran la secreción rascándole la espalda con una espátula. Finalmente devuelven la rana a su ambiente.


Hasta aquí llega éste artículo de hoy. En mi próximo artículo te voy a contar, como ya te adelanté, un poco más sobre lo que a nivel investigación científica se ha estudiado hasta ahora sobre el veneno de Kambo y un bonus truck de la historia de hoy.


Si te gusta lo que comparto o tenés sugerencias o comentarios, contáctame a jtasca2003@yahoo.com.ar


Julia Tasca

PhD. Ing. Química

Profesora UNCPBA


Herborista

MIMATE. Hierbas Medicinales

https://www.facebook.com/Mimate-211415329591361


Contacto: jtasca2003@yahoo.com.ar


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