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  • Leonardo Martín Brito

Los Antídotos Budistas Para las Emociones Destructivas

Los preceptos budistas afirman la existencia de emociones y pensamientos que resultan destructivos y causantes de sufrimiento, los cuales tienen una enorme influencia sobre las acciones de los seres humanos.


Por lo tanto esas emociones destructivas condicionan la mente, llevando al humano a percibir el mundo de una manera particular. Tales emociones oscurecen y enturbian la visión de la realidad, a la vez que conllevan al sufrimiento.


Según la visión budista, emociones de este tipo son las que coartan tu Libertad y te impiden acceder a aquello que deseas.


Como contrapartida, emociones tales como el amor y la compasión pueden brindarte una sensación de conexión y aprecio con, y por aquello que observas, a la vez que te mantienen en una posición más ecuánime ante lo observado.


Las Enseñanzas Budistas incentivan la eliminación de aquellas emociones que generan dolor y sufrimiento como consecuencia de la visión distorsionada de la realidad, ofreciendo antídotos concretos para combatir tales emociones.


Los budistas clasifican tres emociones como las raíces del sufrimiento humano, de las cuales derivan unas 20 emociones secundarias, las cuales posteriormente dan lugar a una clasificación de más de otras 84000 emociones.


Las tres emociones raíces, a las cuales el budismo denomina como "los tres venenos", son el apego, el odio y la ignorancia. Todas las demás emociones dolorosas y destructivas son derivadas de las tres mencionadas, o el resultado de distintas combinaciones entre las mismas.


El apego es entendido como un proceso mental basado en una percepción irreal que hace que el ego se perciba separado de las demás personas, y por tal motivo el apego tiene como finalidad retener sólo para sí mismo aquello que resulta deseable, viendo a los demás como amenaza que pueden arrebatarle lo deseado.


El odio es el deseo de dañar o destruir a alguien o a cualquier cosa que se interpone en el camino del ego hacia la obtención del objeto deseado, cuya característica es exagerar las cualidades indeseables de alguien o de algo, a la vez de que se disminuyen las cualidades positivas de esas mismas personas u objetos.


La ignorancia se corresponde con el apego que tiene el yo con su propia identidad, bajo la ilusión de que el sí mismo es la representación de una entidad real y concreta.


Para el budismo todo lo que existe está en constante cambio, y por eso la Mente Natural -o Consciencia Pura- se manifiesta de distintas maneras, mientras que a su vez todo está profundamente ligado con todo.


Sin embargo, debido a la percepción particular que genera la ignorancia, el ego se concibe separado y por encima de los otros y de todo lo demás, y es así que surge la idea de “lo mío”, y desde esa percepción distorsionada de las cosas surgen todas las demás emociones destructivas, tales como el miedo, el odio, los celos, el orgullo, la culpa, la inseguridad, etc.


Para dar respuesta a los tres venenos, el budismo propone sus respectivos antídotos, los cuales se corresponden con la manera de tratar a cada una de las mencionadas emociones destructivas, con la finalidad de eliminarlas del flujo mental.


La lógica a través de la cual el budismo aplica los antídotos para tales emociones destructivas consiste en que la Consciencia no puede sostener simultáneamente una emoción negativa y otra positiva al mismo tiempo, ya que una excluye a la otra.

Por lo tanto aplicar el antídoto es algo muy simple, pero recuerda que simple no implica que sea fácil. El antídoto consiste en que cultives la emoción opuesta.


Así, el amor es el antídoto del odio, mientras que para el apego el antídoto es el desapego, y para la ignorancia, como producto de la falta de discernimiento, el antídoto consiste en la comprensión de la conexión que tienes con el Todo, y de aquello que debes lograr, y de aquello que debes abandonar para alcanzar tu Felicidad.


Otra forma de aplicar los mencionados antídotos es a través de la meditación, la cual se enfoca en la observación y la investigación objetiva de la naturaleza de tales emociones destructivas.


Al contemplar tales emociones en profundidad logras descubrir que las mismas no tienen una existencia inherente, que no son sólidas, y que simplemente se trata de consideraciones que hace el ego, las cuales se presentan en el campo de la consciencia, y luego, de la misma manera en que llegaron, se van. En el budismo tal concepto se conoce como “vacuidad”, lo cual significa que en su esencia las cosas están vacías.


Otra manera mucho más profunda de aplicar un antídoto para los venenos mencionados consiste en enfrentar tales emociones cara a cara. Eso implica permitirte experimentar tales emociones a fondo en el momento en que las mismas surgen, para llegar a la comprensión de que todo lo que existe es vacío, y que nada tiene una consistencia inherente en sí misma.


En cualquiera de las tres prácticas todos los resultados te conducirán a lo mismo, a la desidentificación de tales emociones, al aprendizaje de no involucrarte con las emociones y pensamientos destructivos derivados de los tres venenos, para que de esa manera puedas progresar en tu Camino hacia la Libertad.


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Leonardo Martín Brito

Lic. en Psicología


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