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  • Leonardo Martín Brito

La Leyenda Maya del Conejo de la Luna

En el artículo de esta semana he de continuar Compartiendo contigo otra breve Leyenda Maya muy popular, que ojalá disfrutes y sea de tu agrado. Se trata de la Leyenda del conejo de la luna


Según cuenta esta leyenda, un día, hace cientos de años, el dios Quetzalcóatl decidió viajar por todo el mundo. Su aspecto era el de una serpiente adornada con plumas de color verde y dorado, así que para no ser reconocido, adoptó forma humana y comenzó a andar.


Subió altas montañas y atravesó espesos bosques sin descanso. Al final de la jornada, se sintió agotado. Había caminado tanto que decidió que era la hora de descansar para recobrar las fuerzas.


Satisfecho por todo lo que había visto se sentó sobre una roca en un claro del bosque, dispuesto a disfrutar de la tranquilidad que le proporcionaba la naturaleza.


Era una preciosa noche de verano. Las estrellas titilaban y cubrían el cielo como si fuera un enorme manto de diamantes y, junto a ellas, una anaranjada luna parecía que lo vigilaba todo desde lo alto.


El dios pensó que era la imagen más bella que había visto en su vida.


Después de un rato se dio cuenta de que junto a él había un conejo que le miraba sin dejar de masticar algo que llevaba entre los dientes.


Quetzalcóatl se acercó cuidadosamente al animalito y le preguntó:


- “¿Qué estás comiendo?”


El conejo, muy tímido le respondió:


- “Un poco de hierba fresca. Si quieres puedo compartirla contigo”.


Quetzalcóatl, aunque tenía mucha hambre, le respondió:


- “Te lo agradezco mucho, pero los humanos no comemos hierba”.


El Conejo al verlo con hambre le preguntó:


- “¿Pero entonces qué comerás? Se te ve cansado y seguro que tienes apetito”.

A lo que el dios le contestó:


- “Tal vez muera de hambre y sed”.


El conejito se quedó pensativo y en un acto de generosidad, se ofreció al dios; y acercándose a Quetzalcóatl y le dijo:


- “Mira, yo no soy más que un conejito, pero si tienes hambre puedo servirte de alimento. Cómeme a mí y así podrás sobrevivir”.


El dios se conmovió por la bondad y la ternura de aquel animalito, que le estaba ofreciendo su propia vida para salvarle la suya.


Entonces el dios acarició al conejito y le dijo:


- “Tú no serás más que un conejito, pero todo el mundo, para siempre, se ha de acordar de ti. Yo soy el dios Quetzalcóatl y tú me has demostrado que eres muy bueno”.


Tomándole en brazos le levantó tan alto que su figura quedó estampada en la superficie de la luna. Después, con mucho cuidado, le bajó hasta el suelo y el conejo pudo contemplar con asombro su propia imagen brillante en la luna.


Luego el dios le dijo al conejito:


- “Pasarán los siglos y cambiarán los hombres, pero allí estará siempre tu recuerdo”.


Fue así como la promesa del dios se cumplió, ya que todavía hoy, si la noche está despejada y miras la luna llena con atención, descubrirás la silueta del bondadoso conejo que hace muchos, muchos años, quiso ayudar al dios Quetzalcóatl.


Este bonita leyenda nos muestra que cuando una persona brinda lo mejor de sí siempre recibe una recompensa.


Tenlo en cuenta cuando te dirijas a plasmar en tu realidad algo que Deseas, ya que el al brindar lo mejor de ti en eso que haces estarás abriendo a tu vida las puertas de La Magia.


Si te interesan las temáticas que desarrollo en mis artículos y deseas mantener conmigo Consultas de Psicoterapia Transpersonal Iniciática de forma on-line, desde cualquier lugar del mundo donde tú te encuentres, te invito a que me envíes un mail a la siguiente casilla de correo electrónico: psicotrans@hotmail.com

Leonardo Martín Brito

Lic. en Psicología


Psicología Transpersonal

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