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EQUINACEA, UNA ALIADA DEL SISTEMA INMUNOLÓGICO


El nombre Equinácea corresponde a un género de plantas herbáceas de unos 60-100 cm de altura, muy parecidas a las margaritas. El color de las flores oscila de violeta a púrpura, dependiendo de la especie; y la raíz es de color pardo grisáceo con estrías.


Es una planta originaria de las praderas, de las regiones centrales de Estados Unidos, aunque su cultivo se ha extendido a diversas regiones del mundo. Existen varias especies y variedades de Equinácea, pero solamente tres de ellas son utilizadas con fines medicinales: Equinacea angustifolia, Equinacea Pallida y Equinacea purpurea.


La equinácea ha sido utilizada desde hace siglos por varias tribus indígenas de Estados unidos para tratar heridas e infecciones de la piel, inflamaciones, picaduras de insectos y mordeduras de serpiente. Los colonizadores europeos aprendieron rápidamente las propiedades de la equinácea de los originarios y la incorporaron dentro de sus medicamentos habituales, de manera que en el siglo XIX era la droga más ampliamente utilizada en Europa.


Actualmente, su aplicación más común es en la prevención y tratamiento de afecciones de las vías respiratorias, desde el resfriado común hasta la gripe y otros procesos infecciosos del tracto respiratorio, tales como bronquitis, laringitis, faringitis, sinusitis, otitis y amigdalitis.


Usualmente se suministra al primer inicio de los síntomas y se continúa por 7 a 14 días. Aunque lo más recomendable es el uso preventivo frente a éstas patologías, sobre todo en épocas del año en las que solemos estar más propensos a este tipo de enfermedades.


Para todos los preparados se utiliza principalmente la raíz, pero también la parte aérea de la planta cuando se encuentra en plena floración.

La principal virtud de esta maravillosa planta radica en sus propiedades antimicrobianas y antimicóticas, que la convierten en una auténtica alternativa natural a los antibióticos químicos.


La razón de esta propiedad se debe a su capacidad para estimular el sistema inmune, produciendo más glóbulos blancos, que son las defensas naturales de nuestro organismo.


Además, algunos estudios clínicos han demostrado que la equinácea estimula la producción de interferón, que es una proteína que nuestro propio organismo produce para neutralizar los virus, por lo que es útil sobre todo en la prevención enfermedades infecciosas virales simples.