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  • Franco Cruz

El origen de la flauta de Pan

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Quizás alguna vez escuchaste una música con este sonido tan particular como el que nos brinda la flauta de pan (también conocida como siringa o siku). Este instrumento musical, además del mágico sonido que produce, cuenta con una historia mitológica muy particular a cerca de su origen.

La siringa fue creada por Pan, el semidiós de los pastores y rebaños según la mitología griega. También era el dios de la fertilidad y de la sexualidad masculina, además de cazador, curandero y músico.


Un día, el dios vio en el bosque a una hermosa ninfa llamada Siringa de quién se enamoró profundamente y en seguida le declaró su amor. Pero lamentablemente, la bella Siringa no era un amor correspondido, motivo por el cual el dios tomó la decisión de perseguirla. La ninfa Siringa huyó, corrió, no quería que Pan la siguiera, y tras la engorrosa persecución, Siringa calló al río conocido como Ladón.


La corriente se llevó a Siringa, la arrastró de tal modo que ella no supo qué hacer, ni de dónde sostenerse. Nadó con todas las fuerzas que tenía para luchar contra la corriente, pero de igual modo no lo pudo soportar y ésta se la llevaba. Finalmente, decidió invocar a sus hermanas ninfas para que le sirvieran de apoyo y la ayudaran a salir.


Las hermanas de Siringa, tomaron la decisión de transformarla en un cañaveral (un lugar lleno de muchas cañas). Cuando concluyó la metamorfosis llegó inmediatamente el valeroso dios Pan. Con mucha tristeza abrazó las ramas, que con ayuda del agua y del viento que había, producían una muy dulce melodía. Al escucharlo, Pan se enamoró inmediatamente de ese hermoso sonido.


Es allí donde el dios Pan tomó la decisión de fabricar con esas cañas un instrumento musical que le permitiera seguir escuchando ese maravilloso, dulce y agradable sonido, cada vez que él lo quisiera. El nombre que le dio a este instrumento fue Siringa, el mismo que el de su amada.


Pan tocaba este instrumento todos los días, mañana y noche, que correspondieron al resto de su vida. El instrumento le recordaba el profundo amor que le tenía a su bella ninfa.


¡Ojalá te haya sumado y nos vemos la próxima semana!