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  • Susana Lucìa Brandán

DOS MONJES Y UNA MUJER


Querido lector te doy la bienvenida y te invito en esta oportunidad a que reflexionemos, para eso inicio con este cuento Zen!


Dos monjes, un anciano y el otro más joven regresaban al templo caminando junto al río. De pronto observaron en la orilla a una mujer joven y hermosa que lloraba desconsoladamente.

"¿Qué te sucede?" - le preguntaron.


La mujer respondió: "Mi madre que vive al otro lado del río está muriendo y no podré estar con ella porque me resulta imposible cruzarlo sola".


El monje joven se lamentó: "Nuestros votos nos prohíben tener contacto con personas de otro sexo de modo que no podremos ayudarte, lo siento".


- "Yo también lo siento pero sigan tranquilos su camino"- dijo la mujer y prorrumpió nuevamente en un angustioso llanto.


El anciano permaneció callado unos instantes, luego le dijo: "Ven mujer, súbete a mis espaldas, te cruzaré hasta la otra orilla".


Así que el monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla. El otro monje estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido. Un monje budista no debía tocar una mujer y este monje no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.


Recorrieron varias leguas. Cuando llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo:


-Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de esto. Está prohibido.


-¿De qué estás hablando? ¿Qué está prohibido? -le dijo el otro.


-¿Te has olvidado? Llevaste a esta hermosa mujer sobre tus hombros -dijo el que estaba enojado.


El otro monje se rio y luego dijo: