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  • Franco Cruz

Así habló Zaratustra: Strauss y Nietzsche VII

Actualizado: may 27

¡Hola Amig@s! Bienvenid@s nuevamente a este espacio en donde compartimos reflexiones y conocimientos de alta vibración para tu crecimiento personal.


Continuando con la temática en relación al libro publicado por el filósofo Alemán Friedrich Nietzsche en 1885 con el título “Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie”, y el poema sinfónico compuesto por el músico y compositor Richard Strauss en el año 1896 titulado con el mismo nombre, es que hoy recorreremos el siguiente título: “Der Genesende (El convaleciente)”.


El convaleciente, corresponde a la sección tercera del libro de Nietzsche y al sétimo movimiento en el poema sinfónico de Strauss. A continuación escucharemos una interpretación de la orquesta filarmónica de Berlín dirigida por Herbert von Karajan, donde esta sección inicia en el minuto 17:40 hasta el minuto 23:02.

El tema inicia con un destacado solo de trombón, acompañado de chelos y contrabajos quienes exponen la fuga del episodio anterior. La fuga se desarrolla de manera álgida hasta llegar a su punto máximo donde el motivo del Superhombre aparece (DO, MI, SOL) y donde, a su vez concluye la primera parte de este movimiento. En la segunda parte, retorna un ambiente sombrío con el clarinete bajo y el contrafagot que dan paso a un juego de trinos en las maderas. Encima de estos trinos, escuchamos una serie de diálogos entre el concertino y el violonchelo solista. Le siguen una serie de unísonos y escalas en las cuerdas, con lo que concluye el tema.


En cuanto al texto, Zaratustra yace en su lecho por siete días enfermo sin siquiera comer algo. Sus amigos animales se acercan para hablarle y animarlo a que salga nuevamente a contemplar el mundo que lo rodea.


Dice Zaratustra:

“Y apenas había dicho Zaratustra estas palabras cayó al suelo como un muerto y permaneció largo tiempo como un muerto. Mas cuando volvió en sí estaba pálido y temblaba y permaneció tendido y durante largo tiempo no quiso comer ni beber. Esto duró en él siete días; mas sus animales no lo abandonaron ni de día ni de noche, excepto que el águila volaba fuera a recoger comida. Y lo que recogía y robaba colocábalo en el lecho de Zaratustra: de modo que éste acabó por yacer entre amarillas y rojas bayas, racimos de uvas, manzanas de rosa, hierbas aromáticas y piñas. Y a sus pies estaban extendidos dos corderos que el águila había arrebatado con gran esfuerzo a sus pastores.


Por fin, al cabo de siete días, Zaratustra se irguió en su lecho, tomó en la mano una manzana de rosa, la olió y encontró agradable su olor. Entonces creyeron sus animales que había llegado el tiempo de hablar con él.


«Oh Zaratustra, dijeron, hace ya siete días que estás así tendido, con pesadez en los ojos: ¿no quieres por fin ponerte otra vez de pie?


Sal de tu caverna: el mundo te aguarda como un jardín. El viento juega con densos aromas que quieren venir hasta ti; y todos los arroyos quisieran correr detrás de ti.


Todas las cosas sienten anhelo de ti, porque has permanecido solo siete días, - ¡sal fuera de tu caverna! ¡Todas las cosas quieren ser tus médicos!


¿Es que ha venido a ti un nuevo conocimiento, un conocimiento ácido, pesado? Como masa acedada yacías tú ahí, tu alma se hinchaba y rebosaba por todos sus bordes.»


¡Oh animales míos, respondió Zaratustra, seguid parloteando así y dejad que os escuche! Me reconforta que parloteéis: donde se parlotea, allí el mundo se extiende ante mí como un jardín.


Qué agradable es que existan palabras y sonidos: ¿palabras y sonidos no son acaso arcos iris y puentes ilusorios tendidos entre lo eternamente separado?


A cada alma le pertenece un mundo distinto; para cada alma es toda otra alma un trasmundo.


Entre las cosas más semejantes es precisamente donde la ilusión miente del modo más hermoso; pues el abismo más pequeño es el más difícil de salvar.


Para mí - ¿cómo podría haber un fuera-de-mí? ¡No existe ningún fuera! Mas esto lo olvidamos tan pronto como vibran los sonidos; ¡qué agradable es olvidar esto!


¿No se les han regalado acaso a las cosas nombres y sonidos para que el hombre se reconforte en las cosas? Una hermosa necedad es el hablar: al hablar, el hombre baila sobre todas las cosas.


¡Qué agradables son todo hablar y todas las mentiras de los sonidos! Con sonidos baila nuestro amor sobre multicolores arcos iris.


«Oh Zaratustra, dijeron a esto los animales, todas las cosas mismas bailan para quienes piensan como nosotros: vienen y se tienden la mano, y ríen, y huyen - y vuelven.


Todo va, todo vuelve; eternamente rueda la rueda del ser. Todo muere, todo vuelve a florecer, eternamente corre el año del ser.


Todo se rompe, todo se recompone; eternamente se construye a sí misma la misma casa del ser.


Todo se despide, todo vuelve a saludarse; eternamente permanece fiel a sí el anillo del ser.


En cada instante comienza el ser; en torno a todo “Aquí” gira la esfera “Allá”. El centro está en todas partes. Curvo es el sendero de la eternidad.»


¡Oh truhanes y organillos de manubrio!, respondió Zaratustra y de nuevo sonrió, qué bien sabéis lo que tuvo que cumplirse durante siete días:


¡Y cómo aquel monstruo se deslizó en mi garganta y me estranguló! Pero yo le mordí la cabeza y la escupí lejos de mí. Y vosotros, - ¿vosotros habéis hecho ya de ello una canción de organillo?


Mas ahora yo estoy aquí tendido, fatigado aún de ese morder y escupir lejos, enfermo todavía de la propia redención.


¿Y vosotros habéis sido espectadores de todo esto? Oh animales míos, ¿también vosotros sois crueles? ¿Habéis querido contemplar mi gran dolor, como hacen los hombres? El hombre es, en efecto, el más cruel de todos los animales.”


¡Ojalá te haya sumado este artículo y nos vemos la próxima semana!


Franco Cruz


Docente de Educación Musical

Clases de Guitarra Online

Motivación Personal

Investigación y Aplicación de Enseñanzas Herméticas

Contacto: francocruz.clasesdeguitarra@gmail.com

Whatsapp:+5492214883109

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